El miedo es una emoción natural que se caracteriza por experimentar una sensación desagradable e intensa ante la percepción de un peligro real o imaginario. Es una de las pocas emociones básicas que compartimos con muchos animales. La consecuencia suele ser huir ante el peligro, intentar evitarlo o combatir aquello que lo causa.
Se ha identificado que a lo que más teme el ser humano es a las grandes alturas, a los animales peligrosos, a las lesiones corporales y enfermedades, a los lugares públicos abiertos, al tráfico, a hablar en público y a los espacios estrechos. El miedo infantil más común es a la oscuridad, aunque esta respuesta suele decrecer con la edad. Por otra parte, el miedo reprime al instinto lúdico, frena la iniciativa y la creatividad.
Es considerada una de las emociones más primitivas, pues su función es prepararnos para la supervivencia, para dar una respuesta rápida y eficaz ante una amenaza. Asimismo, es un mecanismo de defensa, provocado por cosas específicas y que funciona como una alarma psicológica que avisa de amenazas para la integridad física y el bienestar de la persona.
La regulación emocional es el proceso de modular la intensidad o duración de la emoción, con el fin de lograr una adaptación social o biológica.
Para ello, es apropiado realizar algunos pasos, entre los que se encuentra el reconocimiento de la emoción, en donde la persona da respuesta a ciertas preguntas: ¿ qué ocurrió?, ¿por qué se piensa que sucedió esa situación?, ¿ cómo hace la situación que se sienta, emocional y físicamente?, ¿ qué quiere hacer, como resultado de cómo se siente?, ¿ qué hace y dice?, ¿ cómo su emoción y sus acciones lo afectan después?
El siguiente paso es poner atención en cómo los pensamientos y conductas pueden influir en la emoción de miedo. Existen pensamientos detonadores que causan dolor emocional y sufrimiento; por tanto, es importante llevar a cabo estrategias que ayuden a controlarlos.
También se puede recurrir a una respiración diafragmática, también llamada profunda, que oxigena mejor la sangre, porque permite el acceso del aire a la parte inferior de los pulmones, este tipo de respiración ayuda a relajar la mente y el cuerpo.
